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miércoles, junio 1

ENTREVISTA AL PROFESOR MONEDERO, VALE LA PENA VERLA


El gobierno de las palabras - Juan Carlos Monedero from ATTAC.TV on Vimeo.


Excelente entrevista
miércoles, mayo 25

+ eduardo galeano


Untitled from Rebelión on Vimeo.


Una entrevista mas extensa a Don Eduardo en la televisión catalana
viernes, mayo 20

YA ha empezado... cambiamos el mundo?


Maravillas de la tecnología. Hace pocos meses una persona totalmente desconocida @geniusforsaken me mantuvo informado via twitter segundo a segundo, y desde el mismísimo lugar de los hechos, todo lo que ocurría en la plaza Tahrir de El Cairo, en las horas previas a la caída del Presidente Mubarak. En realidad, al inicio seguí esas movilizaciones mas bien por curiosidad sociológica que por interés ideológico o político. Luego me fui dando cuenta de que se trata de un fenómeno mucho mas grande y complejo. No se trataba simplemente de un puñado de gente cansada de un régimen político concreto. Es una generación entera que está harta del sistema. Y las generaciones (sobre todo en plena era de la información globalizada) se parecen a pesar de las banderas y las culturas. La "Spanishrevolution" es una maravillosa prueba de este desencanto generacional. Nuevamente el twitter se convierte en la herramienta mas útil de la red para seguir paso a paso lo que ocurre en España. Basta con poner los hashtag #spanishrevolution o #puertadelsol o #nonosvamos en la barra de búsqueda del twitter para atestiguar los miles de testimonios de la gente que está apoyando o formando parte de esta movilización sin precedentes en Europa. Y digo sin precedentes porque detrás de ella no existe una plataforma tradicional de demandas como si ocurrió, por ejemplo en el 2003 cuando millones se movilizaron contra la guerra en Irak; o en las movilizaciones contra la violencia que vivió México hace unas semanas. Este es un fenómeno radicalmente nuevo. A alguien se le ocurrió sencillamente que ya estaban hartos de los políticos y su estúpida arrogancia para decidir por el pueblo sin el pueblo. Al principio fueron un puñado autoconvocado a través de celulares y redes sociales. Tan pocos que ni siquiera los medios locales les prestaron atención. Un día después se triplicaron. Una semana después ya son miles en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Andalucía y poco a poco todas las grandes urbes han ido siguiendo su ejemplo. Desde Buenos Aires hasta Bruselas. Desde Munich hasta la Habana. En todo el mundo la gente, sobre todo los jóvenes, empiezan a replicar los ecos de la "Revolución Española"... Hasta aquí todo muy lindo y simbólico, todo muy "mayo del 68" como diría mi abuelo pero ¿que quieren estos locos soñadores? ¿Este movimiento espontáneo puede mantenerse sin ser cooptado por los partidos políticos o los intereses económicos como ha ocurrido con tantas iniciativas similares? ¿Quienes son, que intereses defienden?


Justamente ahí es donde esta historia empieza a tornarse hermosamente utópica y esperanzadora. No es un grupo de resentidos sin agenda, como los calificó un dirigente de la derecha madrileña. En los pocos días que llevan acampando han logrado demostrar una capacidad operativa sorpendente que hace recordar a la lógica comunitaria de las vanguardias anarquistas catalanas en la Guerra Civil española. Luego de plantearse de forma ágil las alternativas de logística (de forma voluntaria y colaborativa han instalado desde paneles solares hasta guarderías para las compañeras y compañeros con niños) han comenzado a plantear sus propuestas sin pelos en la lengua. Primero con un espectacular collage de carteles reivindicativos y luego a través de asambleas espontáneas donde todos tienen la palabra y se debate hasta entrada la noche. -No somos antisistema- dice uno de los "indignados" (nombre con el que la prensa española ha catalogado a los participantes del movimiento) -en realidad el sistema es antinosotros-. Otra chica comenta: "Si no nos dejan soñar, nosotros no les dejaremos dormir"

Hace apenas una semana el FMI (cuyo presidente fue apresado por presunta violación) había declarado que la crisis económica dejaría en paises como España una secuela de "generación perdida" debido a la impresionante tasa de desempleo juvenil. Pues bien, esa generación perdida ha salido a la calle a gritar que están cabreados, que nunca mas quieren ver cómo sus vidas dependen de las decisiones de un puñado de políticos y banqueros. Y tienen muy claro quienes son sus enemigos: El sistema político y económico dominante. Representantes del PSOE, partido en el gobierno, intentaron participar en las acampadas y fueron abucheados. Los representantes del PP, partido de derechas, ni siquiera se atreven a acercarse. Y con toda razón porque las demandas de los acampados son claras:

- Abolición de la Ley de Partidos que beneficia en términos electorales al ponderar los votos a los dos grandes partidos españoles (PP y PSOE)
- Abolición de las leyes que afectan a las minorías y a los derechos de comunicación como la SINDE y la de Extranjería
- La obligatoriedad de convocar a Referéndum para este tipo de leyes en el futuro
- Abolición de la Monarquía y nacionalización de sus bienes
- Descentralización del poder político
- Comunitarismo en la toma de decisiones locales
- Reformas de transporte que beneficien el transporte público y el uso de medios alternativos y ecológicos
- Cese de ayudas a bancos privados, nacionalización de un sector de la banca
- Reformas a la política tributaria, redistribución de la riqueza
- Salario mínimo de 1200 euros, seguridad laboral
- Desprivatización de empresas públicas, desmantelamiento de las centrales nucleares, energias limpias
- Cierre de fábricas de armas
- Democratización de los medios de comunicación, cese de intervención clerical y bancaria, venta de acciones de las grandes cadenas
- Condonación de deuda a paises pobres
- Condena del Franquismo con la misma severidad que en Alemania se condena el nazismo, etc

Estas y otras son peticiones que a los ojos de cualquier persona con tres dedos de frente sonarían totalmente justas y lógicas pero que en este mundo de porquería, tan acostumbrado al Poder del dinero y del status quo parecen verdaderas locuras (se imaginan la que se armaría si al Principe Felipe lo obligan a buscar trabajo y departamento como cualquier otro mortal)... sin embargo ¿son locuras? ¿Será que nos hemos acostumbrado tanto a que el mundo sea como es que cuando a alguien se le ocurre plantearnos otro mundo posible enseguida lo tomamos por soñador o chiflado? ¿Y si empezamos a convencernos de que ese "otro" mundo posible en verdad es posible? ¿y si empezamos a tener el coraje de creer que ES posible? Creo que esa es la mas grande lección que la Revolución Española va dejando hasta el momento y ojo, esto recién empieza
domingo, mayo 1

...y yo digo que


Hace mucho que no escribo de política. Cosa rara. Mi país es un lugar especializado en brindar historias de todo tipo. Un amigo mío, chileno él,  dijo en una ocasión que en cualquier lugar de Latinoamérica se sentía en casa al momento de leer un periódico, por lo mucho que nos parecemos todos en lo pintoresco de nuestra política. Ecuador es, sin embargo, un caso especial dentro de esa diversidad. Quién sabe si por la disposición pacifista que, según dicen, nos heredó la historia. O tal vez por esa curiosa vanidad escondida que nos motiva a sentirnos ecuatorianos en los símbolos más heterogéneos: desde la titularidad del Antonio Valencia en el Manchester United hasta la certeza de que en ningún otro lugar del mundo se come tan rico y tan variado como aquí.

Ser ecuatoriano es una pregunta pendiente. Decenas de cineastas y artistas escénicos se han pasado la vida y la obra tratando de responderla. Que desde la migración, que desde la pobreza, que desde el regionalismo, que desde la corrupción, que desde las fiestas, que desde el trago. Tal vez seamos todo eso, y un poco menos y un poco mas; pero en política, estrictamente en política somos un País singular. Las peores épocas de represión no las vivimos en plena dictadura como nuestros vecinos del sur más lejano sino en el apogeo de la tierna democracia, con un presidente que rodeaba la Corte de Justicia con tanques de guerra si se levantaba de mal humor  y que, en plena visita papal, desaparecía y torturaba impunemente a gente, no a mucha pero más bien por falta de tiempo que por falta de ganas o vocación. Creo que desde su presidencia, o probablemente desde mucho antes, los ecuatorianos aprendimos a desconfiar de las Instituciones, de todas las Instituciones formales quiero decir, con los partidos políticos a la cabeza. Aún así (y aquí se notará la singularidad patria) una vez tras otra el pueblo siguió votando a sus peores especímenes. Los inútiles, el loco, el ladrón, el traidor… gente que, por lo demás, fue totalmente consecuente con sus apodos. Robaron lo que pudieron y lo que no. Robaron legal e ilegalmente. Robaron bienes, fondos, esperanzas, ideologías, etc. Prometían el cambio y apenas cambiaban las manos de los saqueadores. Desempleo, migración, privatizaciones, dolarización, bases extranjeras, territorios cercenados, mentira, violencia, delincuencia, miseria, exclusión… cualquiera de éstos términos definía al Ecuador en el que crecí. Y aun así crecí feliz, como la mayoría de niños de clase media-baja que crecieron conmigo entre los Caballeros del Zodiaco, la medalla del Jefferson Pérez, Chispazos, Capurro y Gavica, Silvana Ibarra, la novedad del trole y las esporádicas visitas a un manso Guayas donde el malecón 2000 nunca me impresionó.

Yo no sabía de política pero me tocó aprender por contagio, con una mamá guerrillera y socialista hasta la médula y un abuelo anarquista no tenía muchas alternativas. Tal vez por eso no me sorprendió tanto el fenómeno Correa. Era un lugar común, inevitable. Este país no daba más. Cuando Rafael llegó al poder y enseguida convocó a una Asamblea Constituyente muchos creímos que se trataba del inicio de una revolución pacífica. Yo sigo creyendo que fue el inicio, aunque ahora no esté del todo seguro de a donde fue esa revolución. En todo caso la Asamblea llegó. El entusiasmo se vivía en el ambiente. Llegué a Montecristi 5 veces, tres veces como un mochilero patrio, dos veces como representante de organizaciones juveniles y en todas sentí que estaba escribiendo la historia. Por lo menos para la gente de mi generación la nueva Constitución se convirtió en un best-seller, bueno es un decir porque se la distribuía gratuitamente, pero en cada casa existe una, como suele haber una Biblia o un Cristo del Consuelo. La constitución más hermosa de la historia según mamá. Sin embargo, así como en los libros de Auguste Miller, todo iba bien hasta que… el presidente comenzó a convencerse a sí mismo de que solamente él era capaz de cambiar el mundo. No lo culpo, es una reacción humana de lo mas natural. Fíjese usted en la displicencia que suelen poner los miembros de un equipo cuando uno les asigna responsabilidades pesadas, o sin ir a ejemplos tan estandarizados, fíjese usted en lo fatigado que resulta organizar a una familia común y corriente cuando se sale de vacaciones, aunque se salga a las colinas de enfrente de la casa. El Ecuador se acostumbró tanto a la ley del menor esfuerzo, a la corrupción como una opción de vida que era no solamente necesario sino imprescindible que llegue alguien lo suficientemente valiente y osado como para mandar a todos a la mierda. En ese país imposible de los sueños nostálgicos ese “alguien” debía ser un luchador de masas, un proletario elevado a líder, un heredero de la estirpe marxiana, pero la realidad no funciona como en los manuales. En mi ciudad natal la izquierda y la derecha a veces ni siquiera sirven para determinar el rumbo de las calles, uno puede encontrarse de la nada con letreros que se apuntan mutuamente con el símbolo “una vía”, no se diga en ideologías. Tal vez Fukuyama hizo pasantías en nuestro suelo antes de proclamar su teoría del fin de la historia. Por eso al poder llegó un economista cristiano, tan parecido a Allende como Calle 13 se parece a Víctor Jara y para colmo scout. Aunque parezca no lo digo con ironía. En el Ecuador en que crecí, un presidente así era casi un Che Guevara de terno. Sigo creyendo que es el mejor presidente que ha tenido el País, y el mejor que pudo haber tenido dadas las circunstancias. Pero su izquierda es un síntoma de las izquierdas de este tiempo, tampoco hay que sorprenderse tanto. Tal parece que ya no estamos para revoluciones radicales, y tampoco lo digo con ironía sino con dolor, basta ver que la Revolución mas linda de la historia, la Sandinista, terminó convirtiéndose en un arrebato de símbolos huecos que persigue a sus teóricos mas honestos y que se viste del discurso para practicar todo lo que el mismo discurso condena. Aún así, Correa hizo cosas importantes e históricas. El solo hecho de no renovar una base gringa, recuperando si cabe un trocito de la soberanía perdida, o el dar las espaldas a los grandes usureros del sistema económico internacional ya vale para que los zurdos, los nostálgicos y los fundamentales, lo cuenten entre sus filas aunque no lo sea. 

Ahora nuevamente el País está en tiempo de elecciones. Una democracia saludable dirían los entendidos en la materia con su lenguaje hermético y nutricional. Por primera vez, sin embargo, el presidente se enfrenta a un riesgo real de ser derrotado en las urnas o de por lo menos no ganar abrumadoramente. Esto último parece ya imposible. Lejos quedaron los tiempos esperanzadores donde lo mejor de las izquierdas acompañaba el discurso y la praxis desde la tarima y desde el campo. Si el presidente gana, fortalecerá su discurso pero generará dudas en su entorno mas cercano debido al mas que probable margen estrecho que separará su victoria de la derrota. Si pierde, aunque sea en una sola pregunta, lo mas probable es que llame a muerte cruzada, rearme su estrategia de campaña y el País se vea envuelto, nuevamente, en la fiebre electoral como si la democracia fuera el juguete de moda. En ninguno de los casos creo que vaya a existir ni un cambio profundo en la actitud de Correa frente a su forma de administrar el Poder ni una transformación estructural de la vida de los ciudadanos. Quienes dicen que con el Si viviremos mejor exageran, objetivamente cambiarán muy pocas cosas y tampoco creo en los fundamentalistas del No cuando argumentan sobre la tendencia protofascista del régimen y que con una derrota del No entraríamos en una etapa de represión y persecución sistemática. Para fascismos vamos a otras historias, lo que hay aquí es un presidente socialdemocrata con fuertes tendencias nacionalistas pero formación e ideales europeos que sueña en un estado de Bienestar a la noruega o a la finlandesa y que a veces olvida sus limitaciones. Permitir la explotación minera, o hacerse de la vista gorda ante los problemas ambientales, o no solucionarlos de forma eficiente y reflexiva son hechos condenables e indignantes, pero el fascismo va por otro camino, por eso nunca termino de entender a los colegas de la izquierda ecológica cuando plantean sus argumentos desde un discurso enternecedor pero en muchas ocasiones inútil incluso para sus propios intereses, que en términos ambientales y de vida son los intereses de todas y todos. En cualquier caso, no se necesita mucha (in)formación para descubrir la trampa que esconden las preguntas de la consulta. Antonio Gramsci, el teórico marxista italiano de principios del siglo pasado bautizó a la tendencia popular de encomendar toda la responsabilidad de la administración pública en una sola persona, confiando en su preparación y su buena voluntad como "cesarismo progresista". El presidente nos pide que votemos, nuevamente, por él. Confía en mi, es el discurso tras el discurso, confía en tu gobierno. No es necesario que hagas gran cosa, simplemente confiar. Aún en el mejor de los escenarios, incluso si tuviera la absoluta certeza de la calidad humana y profesional del presidente y su equipo no podría simplemente confiar de forma ciega. Ese ejercicio de fe es algo que abandoné a tiempo en el terreno de la religión y que luego hice extensivo a todos los demás campos de la vida excepto el de la buena amistad y el amor, donde confiar es parte consustancial. Pero cuando un político, por mas zurdo que diga ser, me dice que vote en función de mi confianza, y únicamente de mi confianza, pueden dar por sentado que tomaré el camino contrario, o al menos intentaré comprender que se esconde detrás de esa fe postiza. En este caso no es el mega-proyecto de represión y control que claman ciertos analistas, ni tampoco el País caótico y delincuencial que anuncian los adictos al régimen. La fe que nos exigen esconde una necesidad de cambiar las cosas con urgencia, pero sin detenerse en lo importante. Se trata de profundizar la vocación centroizquierdoderechista de un gobierno que con la una mano lanza la iniciativa Yasuní y que con la otra cambia el horario de los Simpson por considerarlos dañinos (perdón el uso del ejemplo, pero es el que mas me indignó del régimen). Este gobierno es un símbolo de los tiempos que vivimos. Itinerantes, volátiles, tan cerca de la revolución como de la represión y que, tristemente, continuarán hasta que los intelectuales y los artistas, los trabajadores y los políticos, los pobres y los jodidos veamos mas allá de nuestros pupos y de nuestros egos y de nuestras frustraciones hacia donde quedaba esa palabrita tan  útil y tan maravillosa que ya nadie para bola: Socialismo
viernes, diciembre 10

El Gran Hermano y Wikileaks


El Gran Hermano y Wikileaks

En 1984, el maravilloso libro que George Orwell escribiera hace ya más de medio siglo, Winston Smith, el personaje central, tiene un empleo curioso: Es uno de los redactores en el Ministerio de la Verdad. Su trabajo consiste en reescribir la historia. Lo que ha sido, lo que es y lo que será. Nada es real, nada es verdadero. La única verdad es la que el Gran Hermano quiere que se sepa o que se crea. Un día Winston, en medio de la más trivial de las circunstancias, se da cuenta del engaño. De la farsa en la que está metido. No es libre, nunca lo ha sido, nadie lo es. Entonces decide resistirse, rebelarse; se encuentra con Julia, una muchacha que también busca escapar del gran engaño, de aquella conformidad absurda y desinformada en que su sociedad se ha convertido. Finalmente no lo logran, luego de la tortura se resignan a pensar que nadie puede escapar del Gran Hermano. Su control es total, todo lo sabe, todo lo observa y no existe ninguna esperanza para romper con su hegemonía. 

Cuando el libro fue escrito, y en las décadas posteriores a su publicación, muchas personas vieron en él un reflejo de los tiempos que pasaban. Los totalitarismos que en Asia y Europa usurparon los símbolos de la revolución para convertirse en patéticos estados policiales donde la opinión era un lujo y la diversidad un pecado. El tiempo pasó y los países otrora comunistas hoy son estados bisagra entre el lujo desmedido de unos cuantos y la pobreza de la mayoría. Ninguno ha logrado entrar en el paraíso, para ninguno se ha cumplido la promesa del mercado feliz. Y al mismo tiempo otro poder omnímodo se fortalecía. Estados Unidos se consolidó como la única mega potencia universal. En los funerales de la URSS nadie dudaba del nuevo imperio, del único imperio. 

Al fin de cuentas es un imperio como cualquier otro, invade países, asesina niños, saquea riquezas, devasta territorios y evita o niega todas las responsabilidades. Sin embargo, para el caso gringo, siempre existió una característica diferente: su discreción.

 ¿Mataban? Sí, pero no eran asesinatos sino daños colaterales. ¿Robaban? Sí, pero no eran delitos de extorsión internacional sino medidas de ajuste estructural. El sistema capitalista, que no se incubó en USA pero que allí fecundó sus peores frutos, poco a poco fue especializándose en crear una realidad paralela. Un mundo basado en la publicidad y el consumo, en la frivolidad, en la desesperanza, en lo fugaz. Úselo y tírelo como paradigma generacional. El Gran Hermano ya no se encargaba solamente de poner en cárceles a los disidentes. Sus métodos se refinaron. La estrategia era sobre todo comunicacional para mantener a la gente ajena a lo que de verdad pasaba y pasa. Sin embargo, en plena era informática las patas cortas de la mentira comenzaron a salir a la luz. Ya lo profetizó hace pocos años Manuel Castells, el gurú teórico de la llamada “Sociedad de la Información”: Las nuevas batallas del siglo XXI serán determinadas por el acceso a la información. Pues bien, hoy como nunca el debate del acceso libre e irrestricto a la información y a la verdad está en boga. Wikileaks representa la punta de esta lanza, surgida desde la sociedad civil que demanda algo tan trascendental como sencillo: Información, conocer qué pasa, qué deciden a nuestras espaldas, que cosas se juegan en los tableros de los encuentros y lobbies de los que el ciudadano común apenas conoce las fotos o los ecos, y a veces ni eso.

La detención de Julian Assange, el hacker fundador de la página, es una muestra del miedo que tiene el Poder cuando los guiones se le empiezan a perder. La idea de la democracia y de la libertad son buenas siempre y cuando no sean muy curiosas. Pero que le podemos hacer, la esencia humana es libertaria aunque se empecinen en domesticarnos lo contrario. Assange ha abierto la puerta a un fenómeno tan complejo y profundo que apenas podemos sospechar su alcance. Es posible que el mismo sistema, que el Gran Hermano, camaleónico y acomodaticio como es, lo coopte para sus propios intereses. Pero cada vez somos mas los que creemos que es posible escapar. A diferencia de Winston y Julia, cuyo idealismo no conocía aun de facebook o twitter, en el 1984 de la actualidad los disidentes tenemos muchas mas herramientas para desenmascarar al Poder, para salir de la burbuja, para exigir la verdad. Como el botón de la muestra: ayer se abrió una página de firmas de apoyo al cese del acoso contra Wikileaks que en apenas 12 horas superó los 400000 firmantes y ahora mismo, mientras escribo estas líneas, la página web de Wikileaks, que intentaron borrar y desaparecer, sigue publicando “cablegates” en mas de 2000 mirrors, o páginas “espejo” que se multiplican por 5 cada vez que borran una. Cyberproletarios del mundo: Uníos, la revolución está en la red.
martes, octubre 5

Sobre el Golpe en Ecuador: Reflexiones Finales


1) Es triste, tremendamente triste mirar a ecuatorianas y ecuatorianos que, mas allá de sus simpatías o antipatías políticas sigan pensando que lo ocurrido el 30 de Septiembre es un montaje, una maniobra populachera salida de la mente maquiavelica de un presidente narcisista. Lo paradójico es que quienes defienden esta tesis son, en gran medida, los mismos que abogan por un gran "Pacto Nacional de Reconciliación". Yo, al menos, prefiero tener las cosas bien claritas y las responsabilidades bien asumidas antes de pasar al siguiente capítulo de nuestra historia patria. Ese concepto de "reconciliación" basado en promover la amnesia, la impunidad, la mentira y la hipocresía no soluciona nada. Lo sensato no quita lo revolucionario; y a las personas que ponen un prisma de radicalidad y extremismo entre su opinión y la realidad les invito a mirar las cosas de una manera mínimamente objetiva: No importa si se es de derechas o de izquierdas, aquí se intentó matar a un presidente y eso es, desde cualquier rincón ideológico, totalmente condenable.

2) He escuchado a gente muy amiga decir que Correa se buscó esto por su personalidad impredecible, por sus accesos verbales, por su retórica incendiaria. Que nunca debió haber ido al regimiento Quito. Que fue él quien provocó. Es verdad que Correa pudo pecar de imprudente. Que su temeridad impetuosa le ha metido en mas de un problema, pero yo al menos, valoro que el presidente por el que voté sea sincero consigo mismo. Nunca se presentó como un tipo tranquilo. Es una persona irreverente, pero consecuente. Muchas personas podrán decir que un presidente debió actuar de forma distinta, y es posible que según los cánones de la formalidad sea cierto, pero yo prefiero un presidente auténtico, un presidente temerario, un presidente consecuente que cualquiera de los monigotes que nos gobernaron, gente que confundía la diplomacia con la servidumbre. No quiero opinar sobre los sucesos del rescate mas allá de lo que todos lo ecuatorianos pudimos ver en vivo. Me parece que las imágenes son tan elocuentes que minimizan cualquier intento de opinión "imparcial" de gente que ni siquiera estuvo allí. Es simplemente un ejercicio de sentido común: Si un grupo de gente armada y amenazante te espera a la salida ¿saldrías con tranquilidad?. Hay quien dice que los policías cantaban su himno mientras formaban una calle de honor para que el presidente salga del hospital, sin embargo esa misma gente ignora sospechosamente en sus artículos de opinión, la presencia de francotiradores, y policías exaltados apostados en los alrededores del sitio y que no dudaron en disparar a la caravana de vehículos que transportaba al presidente. ¿Por qué a tanta gente le resulta tan difícil darse cuenta de que se planeaba un magnicidio? ¿No sería mas sensato, mas humano al menos en honor de los caidos, guardar silencio si el odio por el régimen no les permite ver lo evidente?

3) También hay quienes dudan acerca de la existencia o no de un intento de golpe de estado detrás del levantamiento policial. Se argumenta que un golpe de estado tiene otras características, que no hubo un grupo político concreto que abandere la causa, etc. Aunque en este tema las especulaciones han sido exageradas y parecería mas un asunto de análisis esotérico que sociológico existen algunos puntos claves que no se pueden olvidar:
                     - Correa nunca fue recibido de forma amable en el regimiento. No se trataba de un grupo de gente sensata con posiciones y argumentos claros. Si fuese una protesta por motivos unicamente laborales ¿no es obvio que cualquier dirigente sindical con tres dedos de frente aprovecharía la presencia del mismísimo presidente para darle a conocer de forma clara sus preocupaciones y, dado el caso, reconocer los errores de apreciación? No fue eso lo que pasó. Al presidente lo recibieron con insultos, con botellazos, con escupitajos, con basura... los registros existen, el País lo vió. En plena alocución del presidente, la tropa empezó a vitorear a Lucio Gutierrez. Si alguien me pregunta quien provocó a quién, ahí está la respuesta. Correa es presidente, pero también humano.

                     - Resulta, por lo menos sospechosa, la coordinación con que algunos eventos sucedieron. Es evidente que alguna mínima planificación debió existir para que en Cuenca, Guayaquil, Ambato, Loja y el resto de ciudades la policía deje de patrullar y se dedique a quemar llantas al mismo tiempo. Un mínimo de planificación debió existir para que un comando de aviación se tome el aeropuerto. ¿Qué sentido tiene tomarse un aeropuerto si no es como preámbulo golpista?

                     - No es cierto que los grupos políticos de oposición se hayan mantenido al margen de los acontecimientos. Lourdes Tibán, lejos de condenar el uso de las armas contra el pueblo, se apresuró a felicitar a los sublevados, apoyándolos; la bancada de Pachakútik fue incluso mas allá y a través de su asambleista Klever Jimenez, exigió la renuncia del Presidente y la conformación de un Frente Nacional de "Resistencia"; el asambleista de Madera de Guerrero Enrique Herrería, al frente de un verdadero pelotón de asmbleistas de oposición, se apresuró a solicitar "amnistía" para los sublevados antes aún de que el presidente saliera del hospital donde se encontraba retenido; Luis Villacis y varios dirigentes políticos y estudiantiles vinculados al Movimiento Popular Democrático no solamente no han condenado hasta el día de hoy el levantamiento policial sino que en el dia de los hechos ellos mismo fueron los primeros en arengar a la tropa subidos en las mismísimas pailas de las camionetas policiales. En el caso de Cuenca, por ejemplo, resultaba tragicómico mirar a reconocidos líderes emepedistas, que durante toda su vida han profesado muy poco afecto hacia la fuerza pública, "unirse" a la causa de los uniformados al grito de "Fuera Correa"... ¿Podría alguien explicarme en qué diablos consiste un golpe de estado sin estos ingredientes?

                      - La discutida decisión de enlazar la señal de la televisión pública a todas las demas cadenas privadas debe ser analizada con mucho cuidado. Si se la mira descontextualizada evidentemente se trata de un atentado inaceptable a la libertad de expresión. Pero quienes así opinan dejan por fuera de su análisis las circunstancias en que los hechos se produjeron. En primer lugar no se violó ninguna norma constituicional ya que la medida se ampara en el Estado de Excepción que se decretó para contrarrestar el caos que el País atravesaba (si alguien piensa que una República con un presidente semi-intoxicado encerrado en un hospital militar rodeado de gente armada y sin policías en las calles no es motivo suficiente para tomar medidas urgentes pues simplemente no vale la pena debatir). En segundo lugar no se trataba de la cobertura de un debate, de un desfile. Se trataba de una situación de emergencia nacional en la que el flujo de la información debe necesaria y dolorosamente ser controlada para evitar mayores tragedias. ¿Acaso es descabellado pensar que cualquiera de los políticos mencionados podía (y de hecho lo hubieran hecho) llamar a la insurreción desde las pantallas de cualquier canal de oposición? ¿No lo hizo acaso Pablo Guerrero, el ex-abogado de Lucio Gutierrez que, al frente de una turba enardecida provocaron destrozos en las instalaciones de los medios públicos y que, cuando finalmente fue entrevistado por la radio pública se refirió a Correa como "ex-presidente"? ¿En qué quedamos? ¿Debía consumarse el golpe de estado para salvaguardar la "libertad de expresión"? Por otra parte y con total honestidad debemos reconocer el heróico esfuerzo de los reporteros que cubrieron la balacera. Tanto los públicos como los privados. Y aquí surje otra reflexión: ¿De que parcialidad hablan los opositores cuando acusan furibundamente de que el régimen solo presentó UNA cara de lo ocurrido el jueves? Si no se trataba de un partido de fútbol. La única actitud posible, ya sea desde la oposición o la militancia, era la de condenar la rebelión policial, y la única opción informativa era cubrir los hechos en el sitio en que ocurrían y sin perder detalle. ¿De qué se quejan los dueños de los medios si poco antes del medio día, con el presidente aun retenido lo que se veía en la televisión privada eran telenovelas, programas de farándula y videos musicales?


4) La gente no se quedó en sus casas. Pese al clima de terror que se respiraba en el ambiente, pese a la ausencia de Policías en las calles y pese a la información contradictoria que comenzaba a circular, la gente salió. Militantes, simpatizantes, personas sin niguna afinidad política. En Quito, en Cuenca, en Guayaquil... miles de personas mostraron su apoyo a la democracia, no al régimen necesariamente pero si a lo que éste representa para un País cansado hasta el hartazgo de cambiar con bianual puntualidad a presidentes inoperantes. Tal vez esta sea la lección mas valiosa. La que ignora la oposición virulenta y los analistas mas académicos y sesudos: La gente común y silvestre que salió a las calles no lo hizo por un puesto en el gobierno, ni por obligación religiosa. La mayoría de la gente salió para evitar que las fuerzas de represión nos arrebaten el sueño de un País mejor. El sueño de encontrar nuestro propio camino, nuestras propias inquietudes. Políticamente hablando, los sucesos del 30 de septiembre se tradujeron en un incremento de más del 12% en la popularidad del Presidente, que de por si ya era alta. Sin embargo, para el gobierno, el camino mas fácil también podría ser el mas peligroso. Es decir, luego de una experiencia como la vivida es casi lógico que los asesores gubernamentales abogen por la consolidación de un proceso mas centralizado, de un partido único y fuerte que sea operativamente capaz de dar una respuesta organizada y efectiva a cualquier intento desestabilizador. Existen voces dentro del régimen que aprovecharán esta ocasión para atacar cualquier forma de disenso ante la voz oficial, y les acompañará probablemente la legitimidad de comprobar que en un estado de emergencia nada funciona tan bien como las decisiones rápidas, la mano dura y el pensamiento único. El reto por lo tanto es enorme: Aprovechar la coyuntura de patriotismo y de unión que estas circunstancias nefastas han generado para potenciar aún mas la democracia y la participación dentro del gobierno y dentro del partido. La mejor manera de prevenir intentos golpistas en el futuro no pasa por tener armado a un segmento de población obediente; sino por tener a un gran porcentaje de gente informada correctamente, políticamente deliberante y organizativamente proactiva. Las opiniones distintas que se emitan, en el marco del respeto y de la comunión con ideales comunes, no debe ser perseguida como un pecado a exorcisar sino mas bien trabajada como un valor a explorar y explotar. El equilibrio entre quienes opinan por atacar y quienes opinan para construir debe verse con mucha mas claridad ahora que los diferentes actores políticos han mostrado su verdadera cara. Y existe mucha gente valiosa cuyos aportes e incluso críticas deben ayudar a mejorar este proceso. Como dice Eduardo Galeano: Ni la libertad debe ser sacrificada en nombre de la Justicia, ni debemos olvidarnos de la Justicia en nombre de la libertad. De modo que ánimo compañeros, que esta fecha no se borre nunca de nuestras memorias. Que saquemos lo mejor de nosotros para que la sangre derramada no haya sido en vano. A profundizar la revolución, a mejorarla, a hacerla nuestra.

       
David Barzallo G
El DaviXo
jueves, agosto 26

Los 32 y los 33


Chile duele y fascina. Luego de la muerte dulce e impune de Pinochet el genocida, luego del terrible terremoto, luego de la victoria previsible del empresario, Chile vuelve a ser noticia. 33 mineros de origen humilde, 33 dignos representantes de la clase obrera quedaron atrapados bajo 700 metros de tierra y rocas mientras realizaban su diaria tarea de extraer cobre y oro de la mina San José. Una mina que no ofrecia ninguna seguridad a los trabajadores; que venía operando en condiciones deplorables desde hacía mas de un siglo y que había sido denunciada en repetidas ocasiones por los sindicatos de mineros locales. Un desastre anunciado que gracias al pandemonium de los medios hoy se ha convertido en una causa nacional.

Nada como una tragedia milagrosamente evitada como para elevar el rating político de un presidente habilmente curtido en las trincheras del marketing. Gracias a una pericia casi instintiva, adquirida en décadas de jugar con la muerte en cada incursión a la mina, los 33 hombres lograron sobrevivir 17 días hasta que finalmente fueron contactados. Un alivio dichoso. Un motivo para celebrar. Pero no un motivo para el olvido: En lugar de asumir sus responsabilidades los dueños de la mina prefireron callar o repetir vagamente que no era el momento de pedir perdones... nunca es el momento. Nunca lo será. Mientras las miles y miles de personas en Chile y el mundo respiraban aliviadas por el cacareado milagro, el presidente Piñera aprovechaba la ocasión para darse un baño de popularidad. En la maquinaria del engaño todo se vale. Esos mineros que jamás habrían pasado del anonimato son ahora heroes nacionales, ejemplo de unidad. Aquel presidente que nunca les hubiera dirigido la palabra (a menos que fuese ante cámaras en plena campaña) ahora se ha convertido en su mejor amigo. Todos felices. Los diarios reproducen las fotos y los titulares reflejan la alegría. Sin embargo, cuando se levante el polvo, cuando llegue la hora del rescate y pasen los meses y se acaben los segundos de gloria y pantalla, aquellos 33 valientes volverán a ser los nadies de brazos baratos que el sistema necesita. Como sus compañeros, como los millones de obreros chilenos a quienes no les interesa ser héroes sino simplemente trabajar en condiciones dignas, con salarios justos y contratos seguros. Como los 32 presos mapuches a quienes nadie a prestado atención fuera de Chile y cuya suerte no ha merecido ni una gota de tinta en los medios.

Mientras todos miraban la puesta en escena del rescate, mientras CNN hacía una conexión exclusiva en Directo y periodistas de todo el globo se jaloneaban como colegiales por obtener un buen puesto para cubrir la sonrisa de Piñera, al otro lado de Chile un grupo de carabineros intentaba inútilmente alimentar a la fuerza a uno de los 32 mapuches que desde hace mas de un mes se mantienen en una huelga de hambre como protesta por su encarelamiento y por la posibilidad de que se los juzgue bajo la ley antiterrorista, un mamotreto fascista que los chilenos heredaron de Pinochet para perseguir a presos políticos. Estos luchadores mapuches que son la cara del otro Chile reivindican el sentido común: Su tierra, su familia, la naturaleza... amenazadas desde hace años por el interés casi canibal de las grandes corporaciones que, apoyados de forma sistemática por los gobernantes, han ido despojando al pueblo mapuche de casi todo, excepto (y como suele ocurrir en estos casos en que la realidad supera a la ficción) de su dignidad. Hay que buscar mucho, y en medios alternativos, para enterarnos de la suerte de los 32 y no hace falta tener mucha imaginación para pensar la cobertura que los hermanos mapuches tuvieran si en lugar de chilenos fueran cubanos o venezolanos. La hipocresía al servicio del poder, y el poder al servicio de la impunidad. Chile duele y fascina, porque siguen contandonos su historia como la de un cuento de hadas, donde el rey es bondadoso y los siervos son agradecidos. Donde todo el mundo se lleva bien y nadie reclama nada. Sobra decir que no es asi.

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